Sé que el trabajo periodístico exige, muchas veces, publicar lo más pronto posible; sin embargo, me niego a aceptar que el apuro por cerrar la edición sea pretexto para el error. Fallas como estas, de un diario local, no se pueden justificar y menos con la excusa de la inmediatez.
Trabajar en un diario es apasionante; todo el tiempo hay prisa, sea por conseguir la primicia, por redactar o por publicar. Para el corrector de un periódico es adrenalina pura todo el tiempo. Lamentablemente, sucede que a veces no le dejan revisar una nota “por el apuro del cierre”. Incluso, por cansancio, se le puede pasar un error. Repito, un error, no tres. Un experto no podría haber dejado tantas fallas juntas. Lo más seguro es que esta noticia no haya pasado por corrección, con lo cual se hace evidente el desprecio por las normas mínimas de la escritura. ¿O no hay correctores? Si ese fuera el caso, el control de calidad está en manos (mejor dicho, en los ojos) del editor de cierre.
Cuando se hacen cambios de última hora, es posible que se filtren errores. Seguramente, el titular inicial empezaba con la palabra “Petróleo”, en mayúscula por ser inicio de frase, y al agregar el artículo no tuvieron cuidado de cambiar la P. ¿Y los otros errores?
1. En su semana consecutivas…
2. Los futuros del hidrocarburo en Estados Unidos bajó…
Los errores de concordancia se resuelven, en la mayoría de los casos, releyendo lo escrito. Pero como no todo el mundo sabe la normativa castellana ni tiene los ojos entrenados, es imprescindible contratar a un corrector… o dejarlo hacer su trabajo.
Es una pena que los lectores reciban un producto de tan baja calidad; lo peor es que no ejerzan su derecho a reclamar, como cuando nos toca una prenda con fallas de confección. Definitivamente, necesitamos consumidores (lectores) más exigentes en el Perú. ¿Se imaginan qué pasaría si empezáramos a devolver diarios, libros y revistas con errores? Ese día, seguramente, no estarán tan apurados por cerrar.
















